Una etiqueta puede contener mucha información y, aun así, resultar difícil de entender. Nutrio convierte un código de barras en una explicación clara de los ingredientes, los aditivos y las grasas que forman parte de un alimento.
Hoy, como tercer anuncio del SifG Day 2026, presentamos Nutrio, nuestra nueva app móvil para descifrar lo que comes. Apunta la cámara al código de barras de un producto y Nutrio organiza la información para que puedas comprenderla sin tener que interpretar por tu cuenta una lista llena de términos técnicos.
Puedes usarlo desde hoy en nutrio.sifg.net desde iOS o Android, y también dentro de la app de SifG22 para Android. Nutrio no está disponible en PC.
Del código de barras a una explicación
Comprar un alimento suele ser una decisión rápida. Tenemos el producto delante, quizá comparamos dos alternativas y miramos una etiqueta que mezcla cantidades, porcentajes, nombres científicos y mensajes comerciales. La información está ahí, pero no siempre se presenta de una forma que ayude a responder una pregunta sencilla: ¿qué estoy eligiendo?
Nutrio empieza por el gesto más rápido posible. Escaneas el código de barras y la app busca el producto utilizando la base de datos abierta y colaborativa de Open Food Facts. Cuando encuentra una coincidencia, separa la información en bloques fáciles de recorrer: ingredientes, aditivos, tipo de grasas y elementos que merece la pena observar con más atención.
El resultado no pretende decidir por ti. Nutrio no etiqueta una comida como “buena” o “mala” ni sustituye la valoración de un profesional sanitario. Su trabajo es traducir, ordenar y contextualizar. Una elección informada empieza por comprender qué significa la información, no por recibir un veredicto sin explicación.
Si un producto no está todavía en la base de datos, Nutrio lo indicará con claridad. Un código de barras identifica una referencia comercial, pero no garantiza por sí solo que la formulación esté actualizada. Los fabricantes pueden cambiar ingredientes, cantidades o envases, por lo que la etiqueta física continúa siendo la fuente inmediata que debe comprobarse.
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Aprender a leer la lista de ingredientes
El escaneo es la entrada, pero la explicación comienza en la lista de ingredientes. En la Unión Europea, los ingredientes aparecen por regla general en orden decreciente de peso según se incorporan durante la fabricación. Eso permite saber cuáles tienen más presencia, aunque no convierte el orden en una medida exacta de la cantidad de cada uno.
Un mismo ingrediente puede recibir nombres diferentes según la formulación o el país. También puede formar parte de un ingrediente compuesto que despliega su propia lista entre paréntesis. Nutrio relaciona denominaciones equivalentes y conserva la estructura de la etiqueta para que resulte más fácil distinguir el producto principal de aquello que forma parte de una mezcla.
La longitud de la lista tampoco funciona como un diagnóstico nutricional. Un alimento puede tener pocos ingredientes y seguir aportando grandes cantidades de sal, azúcares libres o grasas saturadas; otro puede incluir más elementos porque está enriquecido o necesita conservarse de forma segura. Contar ingredientes sin interpretar qué son ofrece una respuesta rápida, pero incompleta.
Por eso Nutrio separa información de valoración. Primero muestra qué declara el fabricante. Después explica términos que pueden resultar desconocidos y destaca aspectos concretos. El usuario puede volver siempre a la lista original: la explicación acompaña a la etiqueta, no la reemplaza.
Una base de datos de 450 aditivos
Nutrio se lanza con una base documental de 450 aditivos alimentarios. Cada ficha busca responder a las preguntas que suelen aparecer al leer una etiqueta: qué sustancia es, por qué puede añadirse a un alimento, qué función tecnológica cumple y bajo qué denominaciones puede aparecer.
La cifra incluye sustancias y denominaciones documentadas para ofrecer una cobertura amplia. No significa que los 450 aditivos estén autorizados en todos los países ni que todos puedan emplearse en cualquier categoría de alimento. Las autorizaciones y condiciones de uso dependen de la jurisdicción, del producto y de límites concretos.
En la Unión Europea, los aditivos autorizados se identifican habitualmente mediante números E y deben superar una evaluación de seguridad antes de permitirse. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria explica que existen más de 300 sustancias autorizadas como aditivos en la UE y que su seguridad se evalúa y reevalúa con el conocimiento científico disponible. Puedes consultar esta explicación en la información oficial de la EFSA.
Por eso Nutrio evita una asociación engañosa: encontrar un número E no significa haber detectado automáticamente algo peligroso. Un número E identifica una sustancia permitida en determinadas condiciones dentro de la UE. La pregunta útil es qué función tiene, en qué cantidad puede utilizarse, qué límites se aplican y cómo encaja ese producto en el conjunto de la dieta.
Qué hacen realmente los aditivos
“Aditivo” describe un uso, no una única clase de sustancia. Algunos conservantes ayudan a frenar el deterioro y contribuyen a la seguridad del alimento. Los antioxidantes reducen cambios causados por la oxidación. Los emulgentes permiten mezclar componentes que normalmente se separarían. Los estabilizantes, espesantes y gelificantes modifican o mantienen la textura. Los colorantes y edulcorantes cumplen funciones diferentes.
Muchas sustancias asociadas a un número E también aparecen en la naturaleza. La EFSA cita, entre otros ejemplos, la vitamina C, la pectina presente en frutas, el licopeno de los tomates y la lecitina que se encuentra en alimentos como la yema de huevo o la soja. El origen natural o sintético, por sí solo, no determina el riesgo: importan la sustancia concreta, la exposición y las condiciones de uso.
La normativa europea exige que un aditivo esté autorizado, responda a una necesidad tecnológica y no induzca a error al consumidor. También establece condiciones de empleo y especificaciones de pureza. La Comisión Europea detalla estas reglas y mantiene una base de datos pública con los aditivos aprobados y sus condiciones.
Nutrio resume esa complejidad sin ocultarla. Una ficha puede explicar la función principal, nombres alternativos y contexto regulatorio, pero no convierte una evaluación científica completa en una frase absoluta. Si una sustancia tiene límites, reevaluaciones o condiciones especiales, la explicación debe conservar esos matices.
De conservantes a emulgentes: familias diferentes
Los conservantes suelen ser uno de los grupos más reconocibles. Su finalidad es retrasar alteraciones provocadas por microorganismos y prolongar el tiempo durante el que un alimento mantiene condiciones adecuadas. Eso no significa que cualquier producto deba llevarlos ni que todos actúen igual. Cada sustancia tiene usos autorizados, categorías de alimentos y cantidades máximas cuando corresponde.
Los antioxidantes cumplen otra tarea. Ayudan a limitar reacciones de oxidación que pueden cambiar el color, el aroma o el sabor, y que también pueden degradar determinados componentes. El ácido ascórbico, conocido como vitamina C, es un buen ejemplo de por qué el nombre químico o el número E no bastan para juzgar una sustancia.
Emulgentes, estabilizantes, espesantes y gelificantes se relacionan sobre todo con la estructura. Permiten que agua y grasa permanezcan mezcladas, mantienen partículas repartidas o proporcionan una textura concreta. En una salsa, un postre o una bebida pueden responder a necesidades muy distintas. Nutrio identifica la función declarada para que palabras parecidas no se conviertan en una sola categoría imprecisa.
Los colorantes cambian o restauran el color; los edulcorantes aportan sabor dulce; los potenciadores del sabor modifican la percepción de otros sabores. Son funciones diferentes y deben explicarse por separado. La app no utiliza el término genérico “químicos” como si describiera un nivel de riesgo, porque todo alimento está formado por sustancias químicas y esa etiqueta no aporta contexto.
Una sustancia puede realizar más de una función y una categoría puede contener compuestos muy distintos entre sí. De ahí que las 450 fichas no sean una lista de alertas, sino un diccionario navegable. El objetivo es pasar del “no sé qué significa” a una explicación que permita seguir leyendo.
“Entender una etiqueta no consiste en contar palabras difíciles. Consiste en saber qué significan y en qué contexto aparecen.”
— Equipo de SifG22La dosis y la exposición importan
Hablar de seguridad alimentaria exige diferenciar la presencia de una sustancia de la exposición real. Que un ingrediente aparezca en una lista no dice, por sí solo, cuánto se consume a lo largo del tiempo. Las evaluaciones consideran niveles de uso, consumo estimado, grupos de población y márgenes de seguridad.
Algunos aditivos cuentan con una ingesta diaria admisible, una estimación de la cantidad que puede consumirse diariamente durante toda la vida sin un riesgo apreciable según la evidencia disponible. Otros se evalúan mediante enfoques diferentes. Nutrio puede explicar estos conceptos, pero no puede calcular una exposición personal completa a partir de un único producto escaneado.
La frecuencia también cambia la interpretación. Un producto consumido ocasionalmente y otro presente varias veces al día no ocupan el mismo lugar en una dieta. Por eso evitamos presentar el escaneo como un diagnóstico. Nutrio ayuda a reconocer patrones y a formular mejores preguntas; no conoce por sí solo todo lo que una persona come, sus necesidades médicas ni su contexto clínico.
Las recomendaciones pueden ser distintas para personas con alergias, intolerancias, enfermedades, embarazo o necesidades nutricionales específicas. En esos casos, la información de Nutrio debe complementarse con la etiqueta oficial y el consejo de un profesional sanitario cualificado.
Aceite de palma: mirar más allá del nombre
Nutrio identifica la presencia de aceite de palma cuando figura en los ingredientes y ofrece contexto para interpretarla. Es un aceite vegetal, pero su perfil es diferente al de aceites ricos en grasas insaturadas: contiene una proporción elevada de ácidos grasos saturados.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición indica que el aceite de palma contiene cerca de un 50% de ácidos grasos saturados. También señala que no existen motivos de seguridad alimentaria que justifiquen su prohibición, aunque recomienda reducir la ingesta de grasas saturadas dentro de una dieta saludable. Puedes leer su explicación completa en la página oficial de AESAN.
Esto evita dos simplificaciones. La primera sería considerar saludable cualquier grasa por ser vegetal. La segunda, tratar la sola presencia de aceite de palma como prueba de que un producto es peligroso. Nutrio muestra el ingrediente y explica por qué resulta relevante, pero la valoración depende de la composición total, la cantidad y la frecuencia de consumo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que las grasas saturadas aporten menos del 10% de la energía total y que se prefieran grasas insaturadas. Entre las fuentes de grasa saturada incluye el aceite de palma y el de coco, además de diversos alimentos de origen animal. La recomendación se refiere al patrón global de alimentación, no a prohibir automáticamente un producto concreto.
Nutrio puede ayudarte a comparar. Si dos alimentos cumplen una función parecida, ver el tipo de grasas y el conjunto de ingredientes permite elegir con más información. La app no sustituye esa elección por una alarma: hace visible una diferencia que en la lista de ingredientes puede pasar desapercibida.
Grasas trans: por qué merecen atención
Las grasas trans son ácidos grasos insaturados que pueden proceder de fuentes industriales o aparecer de forma natural en alimentos de animales rumiantes. Las industriales se han producido tradicionalmente mediante la hidrogenación parcial de aceites, un proceso que transforma aceites líquidos y modifica sus propiedades.
A diferencia de otros elementos que requieren un contexto especialmente cuidadoso, existe un consenso sanitario claro sobre la necesidad de reducir las grasas trans. La Organización Mundial de la Salud señala que no tienen beneficios conocidos para la salud y que una ingesta elevada aumenta el riesgo de cardiopatía coronaria y muerte. Su recomendación para adultos es mantenerlas por debajo del 1% de la energía diaria, menos de 2,2 gramos en una dieta de 2.000 calorías. Consulta la ficha oficial de la OMS sobre grasas trans.
Nutrio busca expresiones relacionadas en la información del producto y explica por qué importan. Sin embargo, las etiquetas y normativas varían, y la ausencia de una expresión concreta no permite asegurar por sí sola que la cantidad sea exactamente cero. La formulación, la legislación aplicable y la tabla nutricional deben considerarse juntas.
También es importante no confundir todos los procesos. Freír puede generar incrementos modestos de grasas trans, pero la OMS señala que las concentraciones son bajas frente a las presentes en aceites parcialmente hidrogenados. Una explicación útil distingue entre fuentes y magnitudes en lugar de agruparlas bajo una alerta genérica.
Riesgo de enfermedad: informar sin diagnosticar
Una alimentación poco saludable puede contribuir al riesgo de enfermedades no transmisibles. La OMS incluye entre ellas las cardiopatías, el accidente cerebrovascular, la diabetes y algunos cánceres, y subraya principios como equilibrio, moderación, diversidad y predominio de alimentos mínimamente procesados.
Eso no significa que escanear un producto permita predecir si una persona desarrollará una enfermedad. El riesgo depende de numerosos factores: patrón dietético, cantidades, actividad física, edad, genética, tabaco, alcohol, situación socioeconómica y atención sanitaria, entre otros. Nutrio no calcula riesgo clínico ni ofrece diagnósticos.
La app sí puede mostrar información que ayuda a reconocer hábitos. Si aparecen repetidamente productos con determinados perfiles de grasas o largas listas de ingredientes, esa observación puede servir para revisar el conjunto de la compra. El valor está en hacer visible un patrón, no en atribuir una enfermedad futura a una sola barrita, salsa o galleta.
Por eso el lenguaje de Nutrio diferencia entre “contiene”, “se asocia”, “se recomienda limitar” y “causa”. Son afirmaciones distintas. Una interfaz responsable no utiliza el miedo para simplificar una cuestión compleja y tampoco oculta una recomendación sólida cuando existe.
Cómo presenta Nutrio cada resultado
El primer bloque identifica el producto y resume la información disponible. Después aparecen los ingredientes en el orden declarado por el fabricante. En la Unión Europea, ese orden suele reflejar su peso en el momento de fabricación, de mayor a menor, aunque hay reglas y excepciones específicas.
El bloque de aditivos relaciona nombres y números E con las fichas de la base de 450 sustancias. En lugar de un icono aislado, cada elemento ofrece una descripción breve de su función. Cuando procede, se puede ampliar para conocer el contexto regulatorio y las fuentes utilizadas.
El apartado de grasas destaca información sobre grasas saturadas, trans y la presencia declarada de aceite de palma. Nutrio evita sumar esos elementos en una puntuación misteriosa. Una conclusión que no explica cómo se obtiene dificulta aprender y comparar.
Finalmente, la app incluye recordatorios sobre las limitaciones del resultado: fecha de los datos, posible reformulación y necesidad de comprobar el envase. La transparencia es parte del producto. Si Nutrio no sabe algo, debe decirlo.
Comparar productos sin reducirlos a una cifra
Dos productos de la misma categoría pueden parecer casi idénticos en el frontal y ser diferentes al girar el envase. Nutrio ayuda a colocar sus ingredientes y tipos de grasa en un lenguaje comparable. No intenta afirmar que una marca sea universalmente mejor: permite observar diferencias concretas que cada persona puede valorar según su consumo y sus necesidades.
La comparación tiene sentido entre alimentos que cumplen una función parecida y en porciones comparables. Enfrentar categorías sin relación puede producir conclusiones absurdas. Tampoco basta con destacar un único atributo favorable e ignorar todo lo demás. Un mensaje como “sin aceite de palma”, por ejemplo, no describe automáticamente la calidad nutricional completa del producto ni informa sobre la grasa utilizada en su lugar.
Nutrio mantiene visibles los datos que explican cada observación. Si destaca un aditivo, se puede abrir su ficha. Si señala aceite de palma, enseña dónde aparece en la lista. Si ofrece contexto sobre grasas trans o saturadas, distingue la recomendación general de lo que realmente declara ese envase. Así, comparar no consiste en obedecer un color, sino en entender una diferencia.
Con el tiempo, varios escaneos pueden ayudar a reconocer patrones de compra: qué tipos de productos se repiten y qué preguntas aparecen con frecuencia. La app está diseñada para favorecer esa curiosidad, no para convertir cada visita al supermercado en un examen. Comer también tiene dimensiones culturales, sociales y prácticas que no caben en un código de barras.
Una base que seguirá creciendo
Las 450 fichas de aditivos son el punto de partida. Mantenerlas requiere revisar nombres, sinónimos, funciones, autorizaciones y nueva evidencia. La seguridad alimentaria no es una fotografía fija: las autoridades reevalúan sustancias y actualizan condiciones cuando aparecen datos relevantes.
Nutrio enlaza sus explicaciones con fuentes públicas cuando es posible. La Comisión Europea ofrece una base oficial de aditivos autorizados, y la EFSA publica evaluaciones y reevaluaciones científicas. Estas referencias permiten ir más allá del resumen.
También crecerá la cobertura de productos. Los códigos de barras ayudan a identificar, pero los datos deben mantenerse. Priorizaremos correcciones y mecanismos para señalar información desactualizada. La confianza no depende solo del tamaño de la base, sino de reconocer y corregir sus límites.
Datos abiertos, normativa y contacto
El catálogo de productos sobre el que funciona Nutrio está construido con datos de Open Food Facts, una base colaborativa y abierta de productos alimentarios. Su base de datos se distribuye bajo la Open Database License (ODbL) y sus contenidos individuales bajo la Database Contents License. Nutrio mantiene esta atribución y respeta las condiciones aplicables a su uso y reutilización.
La integración se ha desarrollado cumpliendo la normativa aplicable, las condiciones de las fuentes utilizadas y los requisitos de transparencia correspondientes. Los datos de producto son colaborativos y pueden contener errores, estar incompletos o quedar desactualizados tras una reformulación; por eso Nutrio identifica sus límites y recuerda comprobar siempre la información impresa en el envase.
Si detectas un dato incorrecto, un problema con un producto o cualquier incidencia relacionada con Nutrio, escríbenos a support@sifg.net. Revisaremos el caso y aplicaremos las correcciones necesarias cuando corresponda.
Diseñado exclusivamente para el móvil
Nutrio utiliza la cámara como punto de entrada, por eso está pensado para acompañarte donde aparecen las decisiones: delante del producto. Está disponible como web móvil en iOS y Android desde nutrio.sifg.net y dentro de la app de SifG22 para Android.
Nutrio no está disponible en PC. No hemos trasladado la experiencia al escritorio porque el flujo principal depende del móvil: sacar la cámara, escanear y consultar el resultado en el momento. La web detecta el dispositivo y centra la experiencia en pantallas móviles compatibles.
En Android, la integración con la app de SifG22 ofrece acceso directo a Nutrio. En iOS se utiliza desde la web móvil, sin necesidad de una aplicación adicional. Ambas opciones comparten la misma base informativa y el mismo enfoque.
Preguntas rápidas
¿Qué es Nutrio?
Una app móvil de SifG22 que escanea códigos de barras y explica ingredientes, aditivos y tipos de grasas presentes en alimentos.
¿Cuántos aditivos incluye?
La base documental inicial contiene 450 fichas de aditivos, con funciones, nombres y contexto para interpretar su presencia.
¿Dónde está disponible?
En nutrio.sifg.net desde móviles iOS y Android, y dentro de la app de SifG22 para Android.
¿Funciona en PC?
No. Nutrio es una experiencia exclusivamente móvil basada en el uso de la cámara para escanear.
¿Nutrio ofrece consejo médico?
No. Proporciona información general y no sustituye a profesionales sanitarios, diagnósticos ni recomendaciones adaptadas a una persona.
¿De dónde proceden los datos de los productos?
Nutrio utiliza la base de datos abierta y colaborativa de Open Food Facts respetando sus licencias y condiciones de reutilización. Para comunicar errores o incidencias, puedes escribir a support@sifg.net.
Nutrio ofrece contenido informativo general. Ante alergias, intolerancias, enfermedades o necesidades dietéticas específicas, revisa siempre el etiquetado oficial y consulta a un profesional sanitario.